Elogio a Patricio Guzmán y a la memoria

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Patricio Guzmán ha conseguido erigirse como cronista de la época más oscura de Chile a base de golpear una y otra vez conciencias durante su filmografía. Las implicaciones de sus relatos sobre la dictadura chilena; sobre sus causas y consecuencias, trascienden el propio conflicto y a sus protagonistas para alcanzar lugares, como España, con una historia ciertamente similar, que nunca han podido disfrutar de la justicia de poder ver representado el conflicto en imágenes marcadas por el respeto a quienes de verdad sufrieron. La batalla de Chile es el máximo exponente de esto. Dejando de lado todos los logros en el terreno del documental, la propia narración evoca máximo respeto a los acontecimientos y a sus protagonistas, pero sobre todo, es un ejemplo de la absoluta veneración que tiene Patricio Guzmán por la memoria. Toda su obra gira en torno al acto de recordar; de no olvidar, como arma para luchar contra la injusticia de los que intentan que olvidemos. Sorprenden los paralelismos con la situación que vivimos en España en base a la dictadura de Franco porque, en definitiva, Patricio Guzmán no hace sino narrar conflictos humanos, por más que éstos estén en su filmografía ubicados solo en Chile.

En La Batalla de Chile parece estar el inicio de su compromiso, que se vería cristalizado en el futuro con obras como Nostalgia de la luz o El botón de nácar. La misma concepción de la Batalla de Chile lo evidencia: Patricio Guzmán comenzó a grabarlo ante la necesidad que tenía de que alguien rodara un documento cinematográfico de lo que el auguraba que era un momento histórico de gran relevancia. De este modo, la más importante característica de La Batalla de Chile, que es el hecho de estar rodado en directo y no ser una colección de archivos, cobra máxima relevancia al entender las intenciones de Patricio Guzmán y las repercusiones en su filmografía.

 

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Las tres partes en las que dividió este documental sumada a La memoria obstinada, en la que viajó de nuevo a Chile para recoger testimonios de la gente que apareció en la Batalla de Chile 23 años después, y que se puede considerar como la cuarta parte de un todo, forman un documento histórico impresionante, que lo coloca al máximo nivel en cuanto al documental histórico se refiere. No sólo se narra la gestación del golpe de estado chileno, sino la reacción de la gente ante su inevitable llegada y cómo la izquierda se intentó defender de el.

No me parece correcto hablar de cine “necesario”, pero sí de “merecido”. Patricio Guzmán es un baluarte de la memoria, más importante que nunca en tiempos de negación y equidistancia. Y muchas de sus obras probablemente sean las que las víctimas del genocidio de Pinochet merezcan, pues les da voz y las hace conocidas en lugares lejanos, haciendo que su recuerdo y el de sus familiares desaparecidos no se apague. Y su trabajo ha servido para que ese episodio se conozca y resuene, e incluso para que desde España (y desde muchos otros lugares) entendamos que queda mucho camino por recorrer, aquí también, sobre el hecho de tener respeto hacia el pasado y aceptar la memoria.

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