Atlántida Film Fest: premios (casi) estáticos

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El Atlántida Film Fest llega a su fin, otro año más, y con éste el anuncio de las películas ganadoras del premio de crítica y público: Depth Two e In the crosswind. Parece curioso que dos propuestas tan formalmente radicales hayan obtenido el premio máximo del festival, aunque si se echa un ojo al resto de la programación, se puede comprender bastante bien la elección de éstas, inmersas en un mar de propuestas fallidas, si no mediocres, que ejemplifican un poco lo amplio que es esto del cine y lo complicado que es hacerlo medianamente bien.

Es curioso también comprobar como tanto Depth Two como In the crosswind son dos películas mucho más cercanas de lo que pueda parecer: ambas son películas sobre la memoria y el pasado más vergonzante y ambas usan la imagen estática (o casi estática, inmóvil) como eje principal del relato. Son, pues, propuestas bastante rompedoras, que no inéditas; recordemos que hace dos años apareció en este mismo festival una película que explotaba de forma similar la imagen a como lo hace In the crosswind, aunque con infinitamente peores resultados: The secret society of fine arts. Parece que la pedantería artística que emanaba esta película por el simple hecho de estar hecha de la forma que estaba hecha, desaparece de golpe en In the crosswind: es cine experimental, si, pero no se ve como un ejercicio de egolatría intelectual, sino como una bellísima y desoladora nueva aproximación a una barbarie. En el caso de la ganadora del premio de la crítica, Depth Two, un amigo me confirma (a falta de haberlo podido comprobar por mí mismo) que ésta tiene un gran parecido con una obra mexicana llamada Tempestad que está dirigida por Tatiana Huezo. Obras rompedoras pero a la vez emparentadas (probablemente de forma involuntaria) con otros trabajos cinematográficos recientes.

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In the crosswind como Depth two son dos de las películas que más me han gustado del festival, así que doy mi bendición, por irrelevante que sea, a esa cosa tan ilógica y a la vez deseada que son los premios. Sin embargo, creo que hay otros trabajos dignos de mención en este festival siempre caracterizado por la irregularidad del total de sus propuestas, debido a la dispar procedencia geográfica y, sospecho, a la dificultad para recopilar trabajos de mayor proyección. Pero sobre todo, me gustaría destacar por encima del resto de películas la que fue una de mis favoritas en el pasado festival de San Sebastián: El tesoro, un trabajo de envidiable lucidez del director Corneliu Porumboiu; una fábula que juega con la intriga y el suspense de una forma que he visto en muy pocas películas.

De todos modos, de nada sirve lamentarse por los premios no dados, más aun cuando éstos han sido repartidos a otras dos excelentes películas. Pocas quejas al respecto desde mi punto de vista que imagino, serán mayores para según que personas (aunque he encontrado una sorprendente aclamación por estas dos películas). Espero que el año 2017 contenga una nueva entrega de este divertido festival, capaz de lo mejor y de lo peor, así como de animar las calurosas y monótonas tardes de verano.

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