Festival de San Sebastián 2016: La reconquista

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En una entrevista que le realizaron a Jonás Trueba en el marco del Festival de San Sebastián, éste afirmaba sentirse sorprendido porque se criticara a su nueva película por el hecho de que los personajes hablan de ir a museos, tomar bebidas de importación y, en general, hablar con cierto aura intelectual. “Y si los personajes son así, ¿por qué no representarlos así?” afirman tanto el como algunos de los más acérrimos defensores de la película. Éste y otros peregrinos argumentos son los esgrimidos por uno de los dos sorprendentes sectores que se han levantado tras el estreno de la película: el de los defensores y de los detractores, en el que me incluyo. Insólita polémica la que ha generado esta película, que a priori no tenía mimbre alguno para dar tanto de sí en charlas cinéfilas y críticas. Insólita es también, ya a titulo personal, la gran aceptación que ha encontrado en cierto sector del público, enamorado de los sentimientos que les ha dado esta reconquista sentimental de Jonás Trueba.

Es insólita porque no he encontrado nada que me haya hecho emocionarme especialmente, ni sentimental ni cinematográficamente. La conexión con La reconquista me parece difícil porque creo que es una película con un gran problema: debajo de toda esa parafernalia sentimentaloide de adolescente a medio cocer extraida de una agenda de la ESO, se esconde una calculada forma de contar una historia; una versión artificial e irreal de un primer amor, rodeada de referencias culturetas, totalmente inocuas (al contrario de lo que afirman algunos detractores, no me llaman la atención pero tampoco me parece que se carguen la película), que le dan un aura de distinción a la película, alejándola de otros trabajos de igual calado dramático-poético-adolescente como pueden ser Física o Química o Los Serrano. Esta medición y frialdad para contentar a cierto público no es nueva: la gran obra de Bernardo Bertolucci, The Dreamers, a mi juicio peca un poco de lo mismo: la película es una sucesión constante de referencias cinematográficas lo suficientemente generales para que las pille cualquier cinéfilo, pero necesariamente cultas para distinguirse de la mera referencia, metidas con calzador en conversaciones inverosímiles; de frases facilonas sobre el izquierdismo, el amor y en general, la vida, preparadas a conciencia para golpear de lleno en el corazón de cierto público objetivo. Película realmente artificial que, sin embargo, funcionaba por el poder de Bertolucci para crear imágenes y momentos hermosos e impactantes; poder del que Jonás Trueba carece.

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En el caso de La reconquista, se asiste a una sucesión de aseveraciones filósoficas de página de facebook alternadas con momentos musicales varios. Este planteamiento de la película, si bien no tiene por qué ser malo, me parece realmente cobarde: apelar a la emoción que puedan crear canciones (o la mera música) que son introducidas en la película de forma abrupta y reiterativa, sin un mínimo criterio estético (una escena con uno de los personajes cantando tres canciones completas seguidas, por ejemplo, muestra una autoindulgencia por lo que se cuenta preocupante), con el único fin de que, por saturación, acabes conectando con la propuesta emocional que traen consigo las crepusculares y tristes canciones de Rafael Berrio es una muestra de manipulación emocional no muy alejada de lo que se critica a J.A Bayona en algunas de sus películas. Por supuesto La reconquista no busca hacerte llorar, sino hacerte conectar emocionalmente y vitalmente con lo que se cuenta. Las armas de Jonás Trueba son tanto el uso indiscriminado de la música en escenas que, en cualquier otro caso, tendrían poca fuerza dramática (exceptúo aquí la escena de la moto, que me pareció interesante), para conquistar al espectador, como el uso de la referencia culta, hábil e ingeniosa para hacerte ver que lo que estás viendo no es “lo típico”.

El cine de Jonás Trueba parece genuino, natural, “muy suyo”, y puede que lo sea en pequeños espacios, pero el todo es calculado y artificioso en tanto que intenta agradar, a veces de forma un tanto obscena, a sus coetáneos. Todas esas referencias culturales; ese aura de intelectualidad; ese uso de la música, no son, a mi parecer, porque Jonás Trueba se crea alguien muy inteligente, sino porque necesita contentarse a el mismo y todos aquellos que se siente identificados con el. La reconquista funcionará para algunos como aquella pareja que te sugiere una web de citas, a la que le gusta la música, el cine, la filosofía y visitar museos,  después de haber introducido en tus preferencias que buscas a alguien a quien le guste la música, el cine, la filosofía y visitar museos. Yo no busco personajes perfectos con los que me identifique, busco personajes reales, con su error, con su realismo. La reconquista se siente manufacturada dentro de su absoluta naturalidad, y, lo peor de todo, es que está manufacturada de forma torpe, a ratos tosca. Aunque a otros, hasta bonita.

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