Billy Lynn’s Long Halftime Walk: el paseo de la fama

595575016

 

“Somos una nación de niños” es una de las últimas, y probablemente más definitorias frases pronunciadas a lo largo de Billy Lynn’s long halftime walk (de ahora en adelante, Billy Lynn). Lo es porque contiene la esencia de la película, no sólo en el contenido de la misma sino en quien la pronuncia: Vin Diesel, actor conocido por hacer  un cine comercial en el que prima el entretenimiento más banal, que parece mirarse a sí mismo en esta película y asumir una realidad difícil de aceptar pero existente y tangible para la mayor parte de norteamericanos. Por eso la película de Ang Lee es un gran trabajo antibelicista, porque lleva ese mensaje en contra de la guerra no a la crudeza de los campos de batalla sino al mismo seno de la sociedad norteamericana, donde los mitos de la gloria del ejército, la fama del cine o el fútbol están más presentes.

Así, Billy Lynn descansa sobre tres ejes narrativos, dos en el pasado (su vida en Irak y la vuelta a casa de su familia en la que prima su relación con su hermana) y uno en el presente, que es una especie de vuelta inaugural del equipo de combate protagonista en la película por estadios de todo Estados Unidos celebrando el heroísmo y el arrojo de esta compañía en los combates en suelo iraquí. El desarrollo de la película está fracturado en estas tres coordenadas temporales y va saltando de una a otra de forma completamente dramática, enlazando cada momento del pasado con su contraparte del futuro para configurar así la mente, los pensamientos del presente no sólo del protagonista, Billy Lynn, sino en general de toda su compañía. Estos soldados ven como se ha convertido su sacrificio en suelo iraquí (que lo es más si se tienen en cuenta las bochornosas causas de la guerra) en un espectáculo más en el reino de los espectáculos; en una maniobra comercial para promocionar el fútbol y los valores americanos valiéndose del sufrimiento de unos soldados, apenas adolescentes. Y en este espectáculo se ven los verdaderos rostros de los patriotas, aquellos que son miembros de la NRA o votan al partido republicano; ávidos de mitos que fagocitar. Para ellos, el sacrificio en el campo de batalla es sólo una cosa más con la que se entretendrán durante un rato y que luego olvidarán por otra, más nueva, en una especie de capitalismo voraz de ídolos.

 

billy-lynns-screencap1

 

Y frente a esto, la realidad: soldados de 19 años psicológicamente destrozados por las exigencias de una guerra que no entienden, utilizados como meros objetos propagandísticos; símbolos de valores norteamericanos a los que se les ha despojado de cualquier atisbo de humanidad, lanzados a la muerte una y otra vez para que sigan siendo héroes y puedan dar a la sociedad estadounidense un valioso y perecedero combustible para su ego. Billy Lynn es un jovencísimo soldado (excelente la elección de casting de Joe Aldwyn, que refleja muy bien la edad y personalidad del protagonista) al que se le ha despojado de la flor de su juventud para convertirlo en una máquina de matar y cuya recompensa por este sacrificio es la antes mencionada indiferencia de sus conciudadanos, la ingratitud de un pueblo individualista y apático.

Ang Lee, que siempre ha tenido una pulcra y quirúrgica habilidad para poner de manifiesto las frustraciones y contradicciones de la sociedad norteamericana, como ya hizo en Brokeback mountain o en la excelente La tormenta de hielo, da un paso más allá y elabora, con los ingredientes mencionados previamente una sátira de toda una sociedad a través de la mirada de unos estupefactos soldados. Ha dado donde más duele, usando un símbolo norteamericano para criticar la caducidad de éstos en el seno de una nación que acaba con todo. Ha usado una dirección en la que abundan planos subjetivos y primeros planos del protagonista para poner de manifiesto la complejidad de la herida que crea la guerra en los soldados. De esta forma se aprecia la inseguridad de Billy Lynn al hablar “me acostumbré a decirle a la gente lo que quiere oír”, o los problemas y dudas que alberga al ver como está perdiendo su vida combatiendo. Él y el resto de soldados se terminarán por dar cuenta que la gente les respeta en su país en tanto ellos hagan lo que les manden y actúen como se espera de un combatiente, descubriendo así que no se les tiene el respeto que creen y que incluso aquellos a los que combaten el Irak les tienen en mayor consideración que sus propios vecinos.

Las implicaciones de esta película son realmente tristes (y han pasado debidamente desapercibidas) porque, de nuevo, Ang Lee retrata a la perfección a toda una sociedad partiendo de uno de sus intocables ídolos, el ejército, al igual que en el pasado diseccionó la familia o el mundo rural de los vaqueros. Es una lástima que Billy Lynn haya pasado rápidamente y sin dejar huella por cines, premios y espectadores, porque es una película tremendamente inteligente, con un elaborado discurso cuyos protagonistas son unos seres humanos completamente destrozados que comprenden que sólo se tienen ellos entre sí porque el resto de la sociedad les da la espalda en cuanto se consume la llama de su éxito, como si fueran estrellas de Hollywood en decadencia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s